

Uno de los primeros científicos que trató de dar respuesta fue el británico Charles Darwin (1809-1882), creador de la Teoría de la Evolución de las Especies, quien consideraba que los niños gritan para pedir ayuda tal como hacen las crías de otros animales, pero al prolongar sus gritos como ninguna otra especie lo hace, generan mayor irrigación sanguínea en las glándulas lagrimales y contracciones musculares que estimulan el llanto; a raíz de esto, los nervios se acostumbran y provocan lagrimeo cada vez que hay sufrimiento.
Otro eminente científico que se ocupó del tema fue el austriaco y padre del Psicoanálisis Sigmund Freud (1856-1939), para quien el sollozo ejerce la función de liberar emociones. En efecto, esta interpretación ha sido más aceptada e incluso comprobada por investigaciones como la realizada en la Universidad Johns Hopkins (Estados Unidos), que encontró relación entre contener el llanto y la aparición de trastornos generados por estrés, como úlcera intestinal y asma.
Además, este mismo trabajo demostró que los individuos que no manifiestan sus sentimientos y se sienten solos son más propensos a experimentar angustia y tensiones internas, y tienen 16 veces más posibilidades de sufrir cáncer que quienes se caracterizan por su expresividad. Otros estudios han revelado que quienes contienen sus sentimientos alteran el buen funcionamiento de su sistema inmunológico (protege de enfermedades) debido al alto nivel de ansiedad que guardan.

Sin embargo, esta teoría perdió vigencia conforme se comprobó que el fenómeno circulatorio observado por Darwin es más intenso en las glándulas que producen saliva que en las que generan lágrimas; claro está, todo mundo sabe que no salivamos copiosamente para expresar rabia, felicidad extrema o sufrimiento.

Así, es probable que el llanto emocional sirva para hacer frente a enfermedades psicosomáticas (de origen mental) y no sólo una manera de eliminar toxinas, mantener humedad en nariz y garganta o el recuerdo en nuestra memoria remota del humo con que cocinaban nuestros ancestros, tal y como han sostenido otras hipótesis. En todo caso, y no es difícil concordar con este pensamiento, el lagrimeo es una forma de expresión humana que al externar emociones crea alivio, así como ocurre con el habla.
Yendo más lejos, y en combinación con trabajos de Antropología, hay investigadores que sostienen que el sollozo emocional pudo surgir hace 25 o 50 mil años, justo en la misma época que el lenguaje facial o de gestos. Esto porque, dicen los especialistas, al hombre primitivo le faltaban músculos en la cara para expresar toda su gama de emociones (ira, amor, sospecha, enfado, rencor, vergüenza, timidez) y por ello tuvo que recurrir a otros medios para darse a entender, como las lágrimas.
Por cierto, eso de que los hombres no lloran no es verdad, pues a pesar de que las mujeres son más expresivas y derraman hasta cuatro veces más lágrimas, los varones tienen una forma peculiar y discreta de manifestarse y de la cual no son conscientes en la gran mayoría de casos: sienten que se les forma un nudo en la garganta, se les humedecen los ojos y de inmediato detienen el gesto. Así, haciendo a un lado esta diferencia de “estilos”, diversos investigadores han concluido que a ellas les da por sollozar tres veces por semana, en tanto que a ellos poco más de dos.
La expresión mojada de tu alma
El Dr. Juan Murube, investigador y oftalmólogo de la Universidad de Alcalá de Henares (España), tuvo a bien realizar peculiar encuesta entre estudiantes de Medicina del mismo centro educativo, en la que encontró que al menos hay 465 emociones distintas por las que el ser humano llora, siendo admiración, aflicción, ira, angustia, ansiedad, aprehensión, confusión y arrepentimiento las más comunes.
Sin embargo, todas estas lágrimas vertidas podrían dividirse en dos categorías: para pedir ayuda y para ofrecerla; ejemplo de las primeras son aquellas que se producen como resultado de una ruptura amorosa o incapacidad por realizar un capricho, en tanto que de las segundas podemos citar a las que se generan al contemplar el sufrimiento ajeno o la alegría por una hazaña deportiva.
De acuerdo al mismo estudio y al contrario de lo que podría pensarse, las situaciones en que se ofrece ayuda son mayores que en las que la solicitamos: 56% frente al 35% (9% son ambivalentes o dudosas). Asimismo, se estableció que el llanto de ofrecimiento de apoyo se asocia a emociones positivas y negativas, en tanto que el de petición sólo con las segundas.
El Dr. Murube afirma que el lagrimeo que expresa solidaridad requiere de más tiempo para ser aprendido, ya que, como podemos apreciar en múltiples ocasiones, un niño descubre desde temprana edad que sus sollozos le sirven para recibir auxilio de sus padres y otros adultos, en tanto que requiere varios años de relación con sus semejantes y de comprender normas de conducta social para contar con la capacidad de “ponerse en el lugar de otro” y ofrecer ayuda con sus lágrimas.
Por otra parte, el investigador ha encontrado que las mujeres lloran más para pedir ayuda, en tanto que los varones al ofrecerla. No por ello nos confundamos y pensemos que el sexo masculino es más comprensivo; más bien, los hombres tienden a reprimir la solicitud de apoyo (interpretada como debilidad y hasta homosexualidad) y a acentuar su capacidad de resolver problemas para mostrar fortaleza. Sin embargo, cabe señalar que los cambios culturales en cuanto a los roles que debe asumir cada género se están modificando y cada vez es más frecuente ver a los hombres expresar sus sentimientos.
Por último, el Dr. Juan Murube ahonda en las lágrimas que se generan debido a una buena carcajada y aclara que éstas no tienen que ver con ofrecimiento o ayuda, por más que sean consecuencia de la emoción. La razón, concluye, es la misma que hace que lloremos durante un bostezo, y es que en algunas personas, al abrir mucho la boca, mueven los huesos de la articulación de la mandíbula que comprimen un nervio relacionado con la glándula lagrimal y es entonces cuando se produce la secreción.
Llanto, hombres y mujeres
La falta de información al respecto es tal que la primera investigación sobre el llanto sólo fue realizada a fines de los años 70. Entonces, el resultado fue que las mujeres lloraban un promedio de 30 veces al año y los hombres, menos de 6.En cambio, un estudio actual realizado por el investigador y fisiólogo William Frey, autor del libro Llorar, el misterio de las lágrimas arrojó un resultado levemente diferente: 64 episodios de promedio anual para las mujeres y 17 para los hombres, lo que implica un volumen cuatro veces menor de lágrimas masculinas que femeninas.
DATOS CURIOSOS
“Un episodio de llanto en un hombre dura, en promedio, cuatro veces menos que en una mujer”Dr. Juan Murube
Además, el informe señalaba que los hombres lloran un promedio de cuatro minutos por episodio, mientras las mujeres lo hacen durante seis o más. Pero, aunque, hoy, los hombres lloran sin pudor, los estereotipos de género siguen teniendo un peso decisivo.
Al menos eso fue lo que manifestó otro estudio, que comprobó que las mujeres lloran más que los hombres si miran una película emotiva en compañía de alguien del sexo opuesto que cuando lo hacen con alguien del propio.
Y aunque no existe ninguna evidencia científica de que un buen llanto reporte beneficios fisiológicos, el 85 por ciento de las mujeres confiesan que se sienten mejor después de llorar largo y tendido. Por su parte, los hombres parecen decididos a no quedarse atrás: también confiesan que les hace bien soltar sus lágrimas.
***(La influencia de las hormonas sobre la voz, en los primeros treinta días de vida, hacen que el grito y el llanto del recién nacido sea más agudo y fuerte; es este sonido que hace que los bebés abandonados en parques o basureros en sus primeras horas de vida, sen escuchados y encontrados).***
*** Las cebollas tienen una gran cantidad natural de compuestos derivados de azufre. Estas substancias secundarias ayudan a las plantas a defenderse de los patógenos y de los insectos que se las comen…. Pero estos ácidos no sólo las protegen de los animales, sino que también hacen llorar a los humanos cuando lastimamos las hojas de las cebollas.
Sin embargo, estas substancias también son responsables del olor fuerte de las cebollas que nos gusta para sazonar nuestros platillos. Cuando cortamos la cebolla, uno de estos compuestos llamado “sulfóxido de S-1-propenilcisteina” se descompone y se forma un nuevo compuesto que es volátil (o sea que se dispersa en el aire), el cual es irritante en los ojos y hace que se produzcan lágrimas***
Y CERRAMOS ESTE TEMA TAN EMOTIVO CON UN POEMA
PARA LLORAR (Vicente Huidobro)
Es para llorar que buscamos nuestros ojos
Para sostener nuestras lágrimas allá arriba
En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas
Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día
Y sobre nuestra memoria de carne
Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada junto a la novia
Escondemos nuestra voz de todas las noches
Porque acarreamos la desgracia
Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras
Respiramos más suavemente que el cielo en el molino
Tenemos miedoNuestro cuerpo cruje en el silencio
Como el esqueleto en el aniversario de su muerte
Es para llorar que buscamos palabras en el corazón
En el fondo del viento que hincha nuestro pecho
En el milagro del viento lleno de nuestras palabras
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La muerte está atornillada a la vida
Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar
Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada
Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria
Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable
El viento abre los ojos de los ciegos
Es para llorar para llorar
Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces
Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras
Paloma de nube y de noche
De nube en nube y de noche en noche
Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro
Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido
Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios
Es para poder llorar es para poder llorar
Porque las lagrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde
Es para llorar que la vida es tan corta
Es para llorar que la vida es tan larga
El alma salta de nuestro cuerpo
Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes
La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles
La noche llega a paso de montaña
Sobre el piano donde el árbol brota
Con sus mercancías y sus signos amargos
Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo
La ciudad cae en el saco de la noche
Desvestida de gloria y de prodigios
El mar abre y cierra su puerta
Es para llorar para llorar
Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino
Es para llorar que buscamos la cuna de la luz
Y la cabellera ardiente de la dicha
Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma
Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes
En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana
Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia
Y que no apagamos el fuego del cerebro
Es para llorar que la muerte es tan rápida
Es para llorar que la muerte es tan lenta.
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